Alrededor del Hotel Maât Étoile

Desde el hotel, déjese llevar por el animado ambiente del distrito 17. A pocos pasos, descubra un París lleno de contrastes: mercados típicos y callejuelas comerciales, lugares culturales íntimos, galerías confidenciales, restaurantes discretos y terrazas animadas.

Pasee por la rue Poncelet, tómese un café en la place des Ternes, explore los senderos del parque Monceau o déjese sorprender por la energía de la rue de Lévis.
En cada esquina hay un lugar por descubrir.

Los cafés imprescindibles

Bajo las claras fachadas del siglo XVII, las cafeterías bullen de conversaciones y aromas de bollería recién hecha. Aquí, uno se toma su tiempo para tomar un espresso en la barra, hojear el periódico y observar cómo despierta la ciudad. Entre tazas humeantes y sonrisas cómplices, se expresa todo un arte de vivir, sencillo, sincero y deliciosamente parisino.

Dulces placeres y panaderías artesanales

Al doblar las esquinas, los escaparates se llenan de aromas de mantequilla y azúcar caliente. Nos detenemos ante ellos como si entrásemos en un recuerdo: éclairs, magdalenas, delicados profiteroles… Cada pastel es una promesa de dulzura. Son lugares a los que volvemos fielmente, como a una cita con el corazón.

Los brunchs gourmet

Los domingos por la mañana, París se ralentiza. En los luminosos salones y las acogedoras terrazas, las mesas se animan con risas y sabores. Un zumo recién exprimido, un huevo escalfado, un brioche dorado… y la luz que acaricia los vasos. Aquí, el brunch es un ritual: una pausa gourmet, entre la elegancia y la relajación.

Cócteles y restaurantes elegantes

Al caer la noche, las avenidas se iluminan y las copas tintinean suavemente. Tras puertas discretas o fachadas haussmannianas se esconden lugares donde el refinamiento se mezcla con la cordialidad. Allí se saborea un cóctel, se comparte un plato estrella, se pasa el rato rehaciendo el mundo como si la noche parisina nunca fuera a terminar.

Los restaurantes con estrellas Michelin

París, capital de la gastronomía, celebra aquí el sabor en toda su majestuosidad. A pocos pasos del hotel, chefs inspirados reinventan la tradición, realzan los sabores y componen cuadros comestibles. Cada plato se convierte en un encuentro, cada comida en un viaje. La alta cocina como un poema.

Paseos y descubrimientos

Entre plátanos y fachadas antiguas, las calles invitan a pasear. Se camina sin rumbo fijo, solo por el placer de ver cómo la luz se desliza sobre la piedra, escuchar las risas de una terraza, cruzarse con la sombra de un museo. París se descubre aquí a paso lento, al ritmo de las estaciones y las emociones.

Auténticos bistros parisinos

Manteles a cuadros, pizarras garabateadas, copas de vino que tintinean… En estos bistros del barrio se encuentra el alma del París popular y sincero. Uno se sienta a la mesa como en casa, para disfrutar de un confit, un gratinado o la sonrisa del camarero. El espíritu del bistro es el de compartir, las buenas palabras y la buena comida.

Cervecerías típicas

Bajo las grandes cristaleras y los espejos de época, las brasseries del siglo XVII resuenan con mil voces. El servicio es rápido, los platos generosos y las conversaciones interminables. Es el París de ayer que sigue vivo, el de los escritores, los viajeros, los habituales, un teatro al aire libre donde todos tienen su lugar.

Compras y tiendas

Desde la calle Poncelet hasta los Campos Elíseos, el paseo se vuelve elegante. Entre las tiendas de diseñadores y las boutiques exclusivas, se pasea, se inspira y se deja tentar. Aquí, la moda no es solo una cuestión de estilo, es una forma de vivir el mundo, con ligereza y elegancia.

Museos

En la tranquilidad de los museos o el esplendor de los palacetes, el arte se ofrece a quienes se toman el tiempo de contemplarlo. A pocos pasos, pinturas, esculturas y tesoros históricos se revelan ante nuestros ojos. Cada visita se convierte en un momento suspendido, un encuentro con la belleza, esa belleza discreta que París susurra a quienes saben escucharla.